Gratitud
Un profundo silencio de vergüenza
cayó sobre mis hombros
y sentí que la vida me pesaba
como una enorme losa.
¿Por qué llorar, si es hora de reir
y de dar gracias?
¿por qué no agradecer con toda el alma
que la luz vuelve a nacer cada mañana,
que las tardes cuando mueren
se visten de violeta y de escarlata,
y sentir que la lluvia
que cae mansamente
me va regando el alma?
Quiero despertar de un largo sueño,
de esta inquietante pesadilla
que me devora tanto…
Es lo que más deseo,
lo que piden a gritos todas mis ansias:
que el suave viento acaricie
mi rostro fatigado
y sepa sonreir
y aprender a dar las gracias.