Parece que fue ayer…
Abriste los ojos a la vida
una tarde de primavera,
cuando los naranjos
se visten de azahar
y a los balcones
le nacen nidos de golondrina.
El sol seguía su carrera
en lo alto del cielo.
Silenciosos e impacientes
esperábamos tu llegada.
Envueltos en la niebla
mis sentidos
apenas advertí que estabas tan cerca.
Una voz me susurró al oído:
¡despierta, despierta…!
¡tienes una niña preciosa!
Todo me parecía un sueño
y mi asombro, al verte,
se desbordó en llanto.
Qué milagro increíble
el de aquella tarde de abril;
milagro que siempre nos trae
el mensaje, de que Dios,
todavía se sigue fiando de los hombres.