Olvido
¡Qué solo estás!
¡Qué profundo es el silencio que te envuelve!
Los ángeles que custodian tu sagrario
así lo están pensando,
así lo van diciendo.
La ermita de la pequeña aldea
despierta cada mañana con la aurora,
que hoy nace con sabor a primavera.
Un ferviente deseo, constante y persistente
flota en el aire
y entre las viejas piedras se estremece:
Que alguien venga a verte,
a contarte lo mucho que te quiere
y a decirte que escucha los latidos
de ese corazón
que permanece abierto.