Sueño
De rodillas me puse en tu presencia,
el calor de tu aliento me arropó
y envuelto con el manto de tus alas
mi corazón de niña se durmió.
Recorrí paisajes infinitos,
de arena blancas bañadas por el sol
y encontré en todos los caminos
el perfil de tu sombra,
el latido de tu corazón.
Desperté de este profundo sueño
y te he visto, Señor.
No me dejes, Dios mío, entre las sombras
extiéndeme tu mano,
déjame sentir tu amor.
Sola no podré caminar entre la niebla.
¿Por qué temo al dolor?
Tú sabes la causa de mi angustia,
recógela, Señor.
Y si te place, guárdatela, hazla tuya,
con ella vivo yo.
Conviértela en sosiego y paz del alma,
transfórmala en tu voz,
que yo la escuche cuando el silencio cante
al pie de mi balcón.