Amanecer
Se despertó el alba
y bajé al huerto a buscar para Ti
la flor más bella, más fresca, más granada;
Todavía el rocío latía entre sus pétalos
y una brisa azul la acariciaba.
Allí, no había silencio,
a pesar de ser la hora tan temprana.
Las rosas y los lirios y las gardenias blancas
entonaban una extraña melodía,
un murmullo de voces se cruzaban.
Y es que las flores eligen esta hora mágica
para hablarle a Dios con su lenguaje,
al Creador de tan grande hermosura,
para contarle los secretos de su alma.
Sentí pudor, vergüenza,
por mi falta de amor acostumbrada
y pretendí sumarme a aquel coro de voces
tan dulces, tan hermosas, tan suaves,
que en tono de salmodia
me estaban anunciando la mañana.