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PLAZA
DE PLATERÍAS
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Providencialmente
llovió. Era el dos de octubre. Encontré un acogedor resguardo:
el portal de la Casa del Deán, una de las más hermosas mansiones
de la rúa del Villar, gran balconada y prodigioso encaje en sus
labradas piedras. Jugoso, reluciente, el granito de su piso; briosos y
alegres los cautivos "cabaliños" que cabalgan felices
en la fuente. Fugaces girones de niebla se enredan en la afilagranada
crestería, velando y descubriendo, con timidez, su belleza. Mientras,
la gran gárgola de la Casa del Cabildo recitaba el siempre nuevo
canto del caer el agua en libertad. Latía el corazón de
Compostela. |
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