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EL HOSTAL
DE LOS REYES CATÓLICOS
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Es desapacible
y frío este lugar desde el que pinto. Una continua corriente de
aire sube desde la plaza y traspasa sin piedad el arco; pero me reconforta
la contemplación del Hostal, de las inacabables balconadas con
su rejería y sus labradas ménsulas. Ese friso en el que
se destacan los grandes eslabones de la cadena que abraza esa pétrea
belleza; sus escudos. Las gárgolas de su tejado, figuras humanas
en mil posturas, monstruos, caprichos informes de los geniales canteros
que las labraron, esperan la lluvia que las llenará de vida y convertirán,
su caída, en sinfonía. |
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